Los trabajadores de la información tenemos que lidiar día a día con numerosas interrupciones. Un compañero que viene a pedirnos algo, una llamada de teléfono, un nuevo correo o una tarea que de repente es más urgente que las demás. A esto hay que añadir que los distintos tipos de tecnologías que utilizamos aumentan las interrupciones y las formas en que podemos distraer nuestra atención.

Aunque, como ya explicamos en otro post, no todas las interrupciones tienen por qué ser necesariamente malas, el principal inconveniente es el estrés que nos genera cambiar de tareas con tanta rapidez a lo largo del día.

Las interrupciones las provocamos nosotros mismos

Pero, al contrario de lo que podría parecer, aproximadamente la mitad de las interrupciones las generamos nosotros mismos. No hay ningún motivo aparente que explique este comportamiento, pero cada poco tiempo dejamos la tarea en la que estamos trabajando para hacer una llamada o navegar por Internet. Así que ya no es suficiente con aislarte en una burbuja de productividad, quizá debas revisar tus hábitos productivos e intentar dejar de sabotear tu propio trabajo.

Esto es lo que demuestra un estudio de la Universidad de California, según el cual los trabajadores de la información cambian de actividad cada tres minutos y cinco segundos de media. Hola multitarea, adiós concentración.

En el estudio también descubrieron que los trabajadores de la información no solo interrumpían su trabajo para pasar de una tarea a otra relacionada con el mismo tema. También pasaban de trabajar en un proyecto a otro completamente diferente cada diez minutos y medio.

¿Cuáles son las consecuencias?

Este comportamiento típico de los trabajadores de la información tiene como principal consecuencia el estrés, es decir, la sensación de que no ser capaz de seguir el ritmo. La frustración, la presión y la elevada carga de trabajo es el coste que deben pagar por unos hábitos productivos poco eficientes.  El estés también está provocado porque cuando sabemos que podemos ser interrumpidos en cualquier momento trabajamos más rápido para compensar las posibles interrupciones.

Otra dimensión es la incapacidad para desconectar del trabajo y tomarse un descanso. Es lo que uno de los autores del estudio llama llama “el trabajo invisible”, es decir, el trabajo que tus compañeros y jefes no ven, pero que haces para seguir el ritmo de las demandas de tu trabajo.

Nos estamos convirtiendo en pensadores superficiales. Es decir, si cambiamos de contexto cada 10 minutos es imposible que reflexionemos en profundidad sobre lo que estamos haciendo y, por lo tanto, es muy difícil que surjan la creatividad o la innovación. Sentimos curiosidad por las cosas y nos interesamos por ellas, pero nunca más volvemos.

Si gran parte de las interrupciones con las que lidiamos cada día proceden de nosotros mismos, también depende de nosotros ponerles fin o, al menos, un límite. Así que trata de ser disciplinado y respeta tus propias normas porque solo así conseguirás proteger tu productividad.

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