En un post anterior ya hablamos sobre los riesgos de seguridad del Internet de las Cosas y de la especial preocupación de empresas e instituciones por la privacidad de los usuarios. Pero cuando se trata de wearables la concienciación sobre estos riesgos es mayor.

Los wearables están moda

El lanzamiento del Apple Watch es sólo el punto de partida de lo que se ha llamado la era mainstream de los wearables. Tanto es así que su venta ha crecido un 200% en el primer trimestre de 2015.

Pero a medida que la industria evoluciona y ganamos en funcionalidades, también aumentan los riesgos para nuestra seguridad. Los dispositivos acceden cada vez a información más personal y nos conocen mejor que nosotros mismos. De ahí la preocupación de los usuarios por que su información personal sea puesta en riesgo.

La seguridad como obstáculo

Según un informe del BBVA Innovation Center, el 86% de los usuarios piensa que la vulnerabilidad de los wearables y la falta de seguridad es uno de sus principales inconvenientes. De hecho, los problemas relacionados con la seguridad de este tipo de dispositivos son una de las principales preocupaciones del 44% de los trabajadores de EE.UU.

Estos datos reflejan lo que buscan la mayoría de usuarios a la hora de utilizar estos dispositivos y, por lo tanto, el reto que se plantea para las empresas fabricantes: garantizar la privacidad y seguridad de los usuarios a la vez que ganan en funcionalidades. Sólo así conseguirán el despegue definitivo del sector.

¿En qué tipo de sociedad queremos vivir?

Efectivamente, usuarios, empresas, instituciones y la sociedad en general deben estar seriamente concienciados sobre todo lo relacionado con la privacidad. Pero debemos mirar más allá.

Culpar a los wearables de los problemas con nuestra privacidad no tiene sentido cuando todos sabemos que los negocios que funcionan a costa de la información personal de los usuarios no son algo nuevo. Como señala Whitney Erin Boesel en un artículo de Time, los wearables sólo hacen estos problemas más visibles que antes, pero estas cuestiones ya estaban presentes desde hace mucho tiempo.

Como se dice en ese mismo artículo, eliminando los dispositivos no eliminaremos los problemas culturales que subyacen tras ellos. Necesitamos preguntarnos seriamente en qué tipo de sociedad queremos vivir y después exigir a las tecnologías que se adapten a estos objetivos.

La privacidad no afecta sólo a los wearables, afecta a todos los ámbitos de nuestra vida y es nuestra responsabilidad como empresas, como usuarios y como ciudadanos asegurarnos de que la respetamos y salvaguardamos bajo cualquier circunstancia.

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