La gamificación se ha convertido en una herramienta muy importante para la motivación de los empleados en muchas empresas. No sólo estimula la productividad, sino que fomenta una competitividad sana con cada nivel del juego que van superando y que les sitúa un paso más cerca del éxito profesional.

En el proceso de motivación a través del juego hay dos aspectos fundamentales: los retos y los objetivos. Cada uno de nosotros tenemos una serie de objetivos en nuestra vida profesional, ya sea a corto o a largo plazo. Establecer objetivos claros y concretos es importante no sólo a nivel individual, sino también para el equipo de trabajo y la empresa. Tener objetivos comunes no significa que las técnicas de gamificación no fomenten la competición entre empleados, sirven de aliciente para la mejora individual y colectiva, dando forma a las habilidades de los empleados. Estas técnicas permiten una mayor colaboración con la dirección de la empresa, ofreciendo transparencia y fomentando el análisis de los roles profesionales de cada uno y sus responsabilidades.

Los retos forman parte del camino que seguimos para conseguir nuestros objetivos. Cada reto superado es un paso más hacia el cumplimiento de nuestros objetivos. Centrarnos en nuestros objetivos es esencial para un día productivo en el trabajo y los retos nos permiten tener esos puntos claros. Tanto objetivos como retos nos ayudan no sólo a estar más motivados, sino a comprobar lo cerca que estamos del éxito.

En Kiply creemos en la esencia de la competitividad como motivador. Cada vez son más las empresas que están adoptando mecánicas propias de los juegos para fomentar un mejor rendimiento del trabajo y para garantizar la satisfacción y el bienestar de sus empleados. La gamificación no sólo convierte la oficina en un lugar más divertido y agradable, es una herramienta para no escuchar más el famoso “odio los lunes”.

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