Ya sean provocadas por agentes externos (compañeros, llamadas de teléfono, correos electrónicos…) o por nosotros mismos (miramos el móvil, trabajamos en varias tareas a la vez, navegamos por Internet…), las interrupciones son obstáculos con los que debemos lidiar día a día. Pero, ¿son malas todas las interrupciones?

La diferencia entre interrupción y descanso

En ambos casos dejamos de hacer la tarea en la que estábamos concentrados para prestar atención a otras cosas totalmente distintas. Pero, al contrario que las interrupciones, los descansos son el fruto de una elección deliberada. Nos ayudan a despejar la mente y a desconectar para recargar las pilas. Las interrupciones, en cambio, nos pillan de imprevisto y ralentizan nuestras tareas completamente.

Pero, al contrario de lo que podría parecer, no todas las interrupciones tienen por qué tener un efecto negativo en nuestra productividad. Según un estudio de la Universidad de California, algunas ayudan a completar mejor nuestras tareas. Todo depende del tipo que sean.

Tipos de interrupciones

Si una interrupción está relacionada con la tarea en la que estás trabajando en ese momento es beneficiosa para tu productividad. Tal y como ha demostrado el estudio anteriormente citado, si alguien te interrumpe para hablar de un tema directamente relacionado con tu tarea es muy positivo porque te ayuda a pensar sobre la tarea y a completarla mejor cuando la retomes.

Las interrupciones cortas normalmente no son malas. Cualquier tarea automática que implique la interrupción no necesita que pienses mucho y no supondrá una gran distracción. Si, por ejemplo, estás escribiendo un informe y alguien te interrumpe para que firmes un documento, lo firmas y sigues con tu trabajo sin perder la concentración.

Pero si, en cambio, la interrupción es total y te hace desconectar completamente de lo que estás haciendo es negativa para tu productividad. Por ejemplo, si estás escribiendo un informe y un compañero te interrumpe para contarte el último cotilleo de la oficina te costará mucho más retomar la tarea en la que estabas trabajando. Centras tu atención en un tema totalmente diferente, así que te lleva un rato centrarte en el nuevo tema y otro rato volver a tu tarea y recordar lo que estabas haciendo.

Acabamos las tareas, pero con más estrés

Las interrupciones totales son las que más perjudican tu productividad. Aunque intentes retomar la tarea que estabas haciendo, no estarás trabajando con la misma capacidad que antes. De hecho, según el estudio, necesitamos una media de 23 minutos y 5 segundos para volver a los niveles de concentración previos a la interrupción.

A pesar de esto, el 82% compensamos las interrupciones trabajando más rápido y completamos las tareas en menos tiempo, pero con la misma calidad. Pero la rapidez tiene un precio: trabajamos más presionados, más frustrados y más estresados.

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