Hasta hace relativamente pocos años, se creía que el ser humano nacía con un número fijo de neuronas que se iban muriendo poco a poco y c’est fini. Por suerte, a partir de los años 1960, se comenzó a trabajar sobre la Neuroplasticidad y se abandonó la idea de que los cambios en la estructura cerebral sólo tenían lugar durante la infancia.

Explicado para dummies, nuestras neuronas serían algo así como las vidas de un videojuego, que sí, se van gastando y perdiendo, pero siempre tenemos la opción de cambiar su evolución e incluso conseguir más nuevas si realizamos alguna que otra acción extraordinaria. En el caso de las neuronas estamos de suerte: no es necesario realizar grandes gestas ni actos heroicos para ganarlas. Basta con desarrollar actividades novedosas o las habituales de forma innovadora, o simplemente adquirir nuevos conocimientos que siempre nos hayan interesado. Como ves, todo son ventajas: haces algo nuevo que te gusta, y además ganas extra bonus en forma de neuronas.

Lo que no se usa se atrofia

Ya lo dijo Jean Baptiste Lamarck a principios del siglo XIX: ‘El uso crea el órgano y el desuso lo atrofia’. Ésta es la base del segundo principio de su Teoría de la Evolución y no deberíamos perderlo de vista, tampoco en la oficina. Porque todas las partes del cuerpo que se ejercitan se desarrollan y se fortalecen. Y esto incluye también el cerebro.

Y aquí es donde entra en juego la Neuroplasticidad y sus numerosos beneficios.

Neuroplasticidad en la oficina

Hay muchas cosas que podemos hacer para mejorar la salud y el rendimiento de nuestro cerebro. Aquí te proponemos algunas que puedes implementar en tu trabajo, lo que sin duda mejorará tu productividad.

  • Dieta sana. Está comprobado que la dieta influye directamente en la configuración y rendimiento de nuestro cerebro, y comer en la oficina ya no es excusa para no llevar una dieta adecuada. Hoy en día existen numerosas opciones de comida sana para llevar, e incluso recetas saludables muy fáciles que puedes hacer en casa en muy poco tiempo.
  • Horarios flexibles. Facilitar que los empleados tengan horarios flexibles que les permitan equilibrar sus ritmos biológicos y su jornada laboral hará que descansen mejor. Con ello mejorará su actividad cerebral y serán más productivos.
  • Ejercicio físico. Introducir una sala de gimnasio en la oficina o incluso ofertar una actividad como Pilates o Yoga, trae consigo numerosas ventajas. La más importante: mejora considerablemente la capacidad de atención, lo que tiene efectos muy positivos en el rendimiento y la productividad de los trabajadores. Y todo ello, con muchísimo menos estrés.
  • Cambiar procedimientos. Fomentar la creatividad y la innovación son claves para mantener alta la concentración y mejorar el rendimiento laboral. Actualmente contamos con un sinfín de herramientas y software que nos pueden ayudar a cambiar el modo en que hacemos las cosas, lo que se traduce en una mayor productividad.

Y si cambiar tus hábitos te resulta un esfuerzo muy grande, piensa que, por suerte, no todos los trabajos requieren una capacidad neuronal como la de los taxistas de Londres. Ellos tienen que memorizar nada menos que 25.000 calles y miles de lugares para aprobar un examen dificilísimo. ¿A que ya te sientes mejor? ¿No te parece que tienes un trabajo relativamente sencillo? Pues ahora imagínate que eso mismo que llevas haciendo años, y en lo que eres un experto, pudieras hacerlo con más neuronas y, por tanto, menos esfuerzo.

Suena bien, ¿verdad? ¡Pues manos a la obra! o, mejor dicho, ¡plasticidad a las neuronas!

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