Las melodías tienen un impacto directo en nuestro cerebro y ninguno de nosotros es inmune a ellas. Esto lo saben muy bien los publicistas, que nos bombardean con jingles pegadizos en los anuncios de radio y televisión. También los responsables de hipermercados y grandes superficies, que utilizan música de fondo suave para que nos fijemos en sus ofertas o ponen temas movidos para que aligeremos el paso en momentos de máxima afluencia. Pero ¿cómo influye la música en nuestro trabajo diario?

Efectos de la música en la productividad

Sin duda, un ambiente cómodo y motivador es fundamental para lograr un buen rendimiento. En este sentido, está comprobado que la música ayuda a hacer más placenteras las tareas repetitivas y bien definidas, que exigen poca concentración y creatividad, como por ejemplo, una línea de montaje.

Escuchar nuestra música favorita nos provoca un estado de ánimo positivo para afrontar el trabajo y hace que lo realicemos más rápido. Así mismo, nos ayuda a centrarnos en lo que estamos haciendo y disminuyen los errores. Además, con unos cascos podemos abstraernos de nuestro entorno para evitar distracciones constantes, mejorando nuestro humor y nuestra eficiencia.

La explicación es sencilla: las melodías activan la secreción de dopamina en el cerebro, lo que se traduce en un mejor humor y una mayor predisposición hacia las tareas. Esa buena sensación generada por la hormona del placer asocia el trabajo con algo positivo y nos ayuda a estar más motivados y tomar mejores decisiones. 

El único caso en que la música de fondo puede resultar contraproducente es cuando tenemos que retener información nueva o en tareas complejas o creativas que requieran toda nuestra atención.

¿Qué tipo de música elegir?

Es mejor usar canciones o temas conocidos. Si usamos melodías nuevas, sentiremos curiosidad por los nuevos sonidos, lo que lejos de concentrarnos en la tarea, nos distrae. Y para trabajos que tengamos que acabar de forma urgente, nada mejor que motivarnos con nuestros temas favoritos; eso sí, a un volumen razonable.

El tipo de música dependerá de la actividad a realizar, aunque siempre es más recomendable emplear música instrumental que canciones con letra, como por ejemplo jazz o new age, porque las palabras interfieren con nuestros pensamientos y nos distraen.

Los expertos opinan que la mejor opción para trabajar es la música clásica. No tiene letra y activa las áreas del cerebro relacionadas con la concentración. Parece ser que la que más aumenta la productividad es la barroca, según un estudio conjunto de las Universidades de Maryland y Pennsylvania.

Expertos en Quantified-self como Linda Stone ya han probado la eficacia de la música para mejorar la productividad. Pero si esto no es lo tuyo, puedes visitar la web Coffitivity que recrea sonidos y murmullos de cafetería como música de fondo. Puede parecer descabellado, pero su eficacia viene avalada por un estudio de la Universidad de Chicago, que constató un incremento de la creatividad en los usuarios de esta particular banda sonora.

Independientemente del método que elijas, con Kiply puedes medir si es efectivo o no y ver cómo mejora tu productividad al ritmo de la música.

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