Las personas somos complicadas. Y si tratar con ellas en nuestra vida diaria es difícil, conseguir que trabajen juntas y colaboren a veces puede ser casi una misión imposible. De hecho, la gestión de equipos es uno de los mayores retos a los que se enfrenta cualquier organización.

Un equipo, spaghettis y malvavisco

Tom Wujec propone utilizar el reto del malvavisco para fortalecer la colaboración y conocer cómo funciona nuestro equipo. Aunque en apariencia es algo simple, ayuda a comprender mejor la naturaleza de la colaboración y a identificar dinámicas de trabajo que no siempre son las mejores. Al mismo tiempo, fomenta la creatividad de los equipos y la generación de ideas bajo presión.

La fórmula de la gestión de equipos perfecta

Después de realizar este reto con numerosos grupos de trabajo, Wujec ha concluido que los que obtienen un mayor porcentaje de éxito son los niños de preescolar. ¿Por qué? Pues porque el funcionamiento de sus equipos se basa en la generación empírica del conocimiento. Es decir, más allá de las rígidas normas y procesos de trabajo de los adultos, los niños colaboran para construir prototipos y los refinan en base a un sistema de prueba y error. El resultado es que, en lugar de detectar lo que falla al final del proceso cuando ya no queda tiempo para solucionar errores, los niños los detectan a medida que construyen la torre.

Para Wujec, comprender el valor de los prototipos (mayor creatividad, solución de errores…) combinado con los adecuados incentivos, ya sean económicos u otro tipo de motivaciones, son la clave para alcanzar el éxito.

Si esto funciona para construir una torre con spaghettis, ¿por qué no va a funcionar también para la gestión de equipos en nuestro día a día?  Todo proyecto tiene su propio malvavisco, pero ¿será tu equipo capaz de colaborar para ponerlo en la cima de la torre?

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Imagen: John Morgan

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