Hace un par de semanas decidí aceptar una invitación que me habían hecho muchas veces: ir a hacer barranquismo. Sí, has leído bien. Me enfundé el neopreno, respiré hondo, y me metí en el río con un grupo de 24 personas y dos monitores increíbles. No lo había hecho en mi vida y, aunque se suponía que íbamos a hacer uno ‘facilito’, resultó que era de dificultad media y que había que rapelar, saltar desde varios metros al agua, y enfrentarse a un sinfín de toboganes, sifones y, sobre todo, resbalones.

Lecciones aprendidas en el río

No os deleitaré con mis mejores y peores momentos, que también los hubo, sino que simplemente comentaré lo que aprendí:

  1. Cuando no confío en mí misma y en mis capacidades, me bloqueo y necesito ayuda para avanzar. En cuanto a esto, os ahorraré el relato de un momento ‘delicado’. Lo único importante es que… aquí estoy, sana y salva, y con el segundo barranco ya marcado en la agenda.
  2. El mundo laboral es como un río: la corriente fluye independientemente de ti. Puedes hacer dos cosas: dejarte arrastrar sin más e irte golpeando contra las rocas, o tomar la decisión de ser parte de él y avanzar firme hacia delante. Y cuando haces como yo y tomas el segundo camino, la experiencia es de lo más emocionante y satisfactoria.

Estas son las cosas que aprendí en cuanto a mí misma y a cómo me comporto en situaciones difíciles, pero aprendí algo también de los demás y que creo que es perfectamente aplicable al mundo laboral en general y a la productividad en particular:

3. Siempre, siempre, siempre, hay alguien que es un experto en eso que tú estás haciendo y que además puede darte las claves para progresar. Igual que nuestra travesía por el río habría sido muy diferente sin los monitores, el trabajo puede mejorar enormemente cuando confiamos en un experto en nuestra área de trabajo.

El río te aleja de tu zona de confort

Aunque quizás lo más importante que aprendí metida hasta el cuello en el río sea que un par de horas en las que estamos completamente centrados en lo que estamos haciendo, aprendiendo a cada paso y con todos nuestros sentidos trabajando al 100%, son infinitamente más productivas que ocho que pasemos sentados en una silla y a medio gas.

No temas salir de tu zona de confort y atrévete a probar nuevas actividades y experiencias. Será un revulsivo para tu cerebro, tu energía y, sobre todo, tus ganas de hacer más cosas y mejorar continuamente.

Y de eso se trata, ¿no?

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 Imagen: Joshua Earle

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