Piensa en ese proyecto que hace meses que empezaste. No tenía un plazo de entrega definido, así que se quedó perdido en el fondo de un cajón. Asúmelo, sin una fecha nunca lo terminarás. No lo decimos nosotros, lo dice la ley de Parkinson.

¿En qué consiste la ley de Parkinson?

La ley de Parkinson dice que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización“. Es decir, cuanto más tiempo tengas para realizar una tarea, más tiempo tardarás en acabarla. O lo que es lo mismo, si te encargan un trabajo lo terminarás en el tiempo que te hayan marcado, aun cuando puedas hacerlo en menos tiempo.

Por ejemplo, te encargan que escribas un informe para dentro de dos semanas pero se puede hacer en la mitad de tiempo. Dilatarás el trabajo hasta las dos semanas aunque con una semana sería suficiente para que lo terminases. ¿Por qué no revisar tu planificación, valorar la tarea objetivamente y ponerte como plazo una semana? El informe estará listo antes y tú podrás dedicarte a otras cosas.

¿Cómo la aplico a mi día a día?

La ley de Parkinson nos dice que necesitamos límites y plazos que nos ayuden a tener un objetivo claro y a planificar nuestro trabajo. De lo contrario, consumiremos todos los recursos disponibles. Así es como puedes conseguirlo:

  1. Establece objetivos diarios. En el momento de planificar las tareas lo mejor es asignarle a cada una un plazo más ajustado, pero sin excederte. Valora cuánto tiempo necesitarás realmente para cada tarea y decide qué parte del trabajo harás cada día.
  2. Divide en tareas más pequeñas. Establecer objetivos diarios para los grandes proyectos es complicado. Por eso, lo mejor es que los dividas en tareas más pequeñas que puedas realizar en un solo día.
  3. Comprométete públicamente. Establece un plazo fijo ya sea con tus compañeros o con la persona a la que vas a enviarle el trabajo. Es una forma de motivarte y de no eludir esa tarea porque ya has dado tu palabra de que estaría hecha.
  4. Evita caer en el perfeccionismo. Muchas veces no acabamos de completar una tarea porque le damos vueltas y vueltas para conseguir que sea perfecta. Olvídate de eso, nunca lo será. Así que hazlo lo mejor que puedas y dala por terminada para poder seguir con otras cosas.

Lo importante es que seas capaz de valorar el tiempo invertido en cada tarea para así poder establecer plazos y objetivos realistas. Una vez hecho esto, cumple los plazos que te has marcado y no dejes que la ley de Parkinson arruine tu productividad. Además, tener en cuenta ésta y otras leyes de la productividad te ayuda a planificar mejor tu día a día.

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Imagen: Pulpolux !!!

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