La culpa de todo no la tiene Yoko Ono, la tiene la ley de Murphy. Y es que cuando la otra cola siempre avanza más rápido o la tostada se cae por el lado de la mantequilla no podemos evitar acordarnos de sus palabras:

Si algo puede salir mal, saldrá mal.

Al igual que muchas otras leyes, la ley por excelencia de los pesimistas también puede aplicarse a la productividad, sobre todo en lo que se refiere a la planificación del trabajo, la estimación de tiempos y las interrupciones.

Planificación de tareas

La ley de Murphy puede tener distintas interpretaciones dentro del ámbito de la productividad. Una de las más interesantes es la que Jordi Fortuny resume de esta forma: cualquier trabajo que empecemos ocupará más tiempo del previsto debido a algún accidente o situación que no contemplábamos. Por eso, a la hora de organizar nuestro trabajo es importante ser capaces de prever posibles obstáculos o, de lo contrario, toda nuestra planificación podría irse al garete por una simple interrupción.

Existen numerosos factores que pueden alterar lo planeado: reuniones o llamadas de teléfono imprevistas, desconocer la tarea a la que nos enfrentamos, compañeros, jefes que piden cosas a última hora, días poco productivos… Cuando estés organizando tu trabajo deberías incluir dentro de la estimación de cada tarea un margen de tiempo extra porque, según Murphy, necesitarás más del que pensabas para terminarla.

Evitar interrupciones

Las interrupciones son las grandes enemigas de tu productividad. Cuando estás concentrado trabajando en algo siempre aparecen obstáculos que te impiden continuar con esa tarea y que, por lo tanto, te hacen perder tiempo y no cumplir con tu planificación.

Es importante que intentes evitarlas en la medida de lo posible pero, de acuerdo con la ley de Murphy, si hay cosas que pueden salir mal y las evitas, siempre aparecerá otra cosa que te haga perder el tiempo. Así que tendrás que ser previsor y dejar tiempos tiempos muertos de seguridad para que la desviación en una tarea no afecte al resto de tu planificación.

No olvides que lo fundamental es conocerte a ti mismo. Si sabes cómo trabajas y cuándo eres más productivo podrás planificar de forma realista.

 

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Imagen: Mag Pole

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