La ley de Hofstadter, también llamada falacia de la planificación, se ha hecho popular en el ámbito de la gestión de tiempo y, en especial, en la planificación de proyectos:

Hacer algo te llevará más tiempo del que piensas, incluso si tienes en cuenta la propia ley de Hofstadter.

Da igual cómo estimemos cuánto tiempo necesitaremos para completar una tarea, siempre terminaremos más tarde de la fecha planificada. Pero no podemos fiarnos al 100% de la que parece una nueva versión de la ley de Murphy, porque, de lo contrario, nunca seríamos capaces de terminar nada. Aunque, al igual que otras leyes de la productividad, sí deberíamos tenerla como referencia a la hora de estimar tiempos, programar plazos de entrega y planificar nuestro trabajo.

El problema de las estimaciones ideales

Uno de los mayores retos a la hora de organizar nuestras tareas es valorar el tiempo que necesitaremos para terminar cada una de ellas. Y, por regla general, lo hacemos mal. El principal motivo es que estimamos considerando situaciones ideales: no tenemos en cuenta los posibles problemas, la capacidad de trabajo del equipo o la complejidad de las tareas, entre muchos otros factores.

Así que cuando te sientes ante tu lista de tareas, recuerda dedicar algo de tiempo a valorar todos los posibles obstáculos que puedes encontrar en el camino. Así podrás dejar un margen de tiempo para que un retraso con el plazo de una tarea no afecte a tu programación al completo.

También debes tener en cuenta que cuanto más grande sea la tarea, más dificultades tendrás para estimar el tiempo correctamente. Lo mismo ocurre si haces planificaciones a largo plazo: cumplir con lo programado es más difícil a medida que pasa el tiempo. Así que intenta acotar el período de tu planificación y las tareas que lo componen para que la ley de Hofstadter no arruine tus objetivos.

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Imagen: Lacie Slezak

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