A simple vista, podría parecer que física y productividad no están muy relacionadas. Pero no es del todo cierto. El escritor y coach James Clear ha desarrollado lo que ha denominado física de la productividad, en la que establece una conexión entre las leyes de Newton y nuestra capacidad para ser más o menos productivos. Y es que la productividad, como tantas otras cosas, también tiene leyes que la rigen.

Ley de la inercia

Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.

Aplicada a la productividad, la primera ley de Newton indica que si estás activo tu tendencia es a seguir en el mismo estado, mientras que si no estás haciendo nada lo más probable es que sigas sin hacer nada. O lo que es lo mismo, una vez te pones en marcha es más fácil que sigas haciendo tareas, mientras que si estás procrastinando es mucho más difícil empezar a ser productivo.

La conclusión es muy sencilla: empieza a moverte cuanto antes. Cuando llegues al trabajo no te pongas a navegar por Internet evitando todas tus tareas pendientes. Simplemente empieza a hacer algo. No es necesario que sea tu objetivo principal, puede ser cualquier otra cosa: responde algún correo electrónico, escribe algunas frases de un informe (aunque no tengan mucho sentido) o haz una lista de tus tareas pendientes. La inercia te llevará a seguir haciendo cosas y en cuanto te des cuenta estarás trabajando en la tarea más importante del día.

Ley de la fuerza

El cambio de movimiento es directamente proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime (F = m · a).

La segunda ley de Newton nos dice que la fuerza (F) depende tanto de la magnitud (cuánto trabajo inviertes en algo) como de la dirección (en qué se concentra ese trabajo). En otras palabras, si quieres avanzar en una determinada dirección la fuerza que aplicas y la dirección de la misma marcan la diferencia. No se trata de trabajar más duro, sino de trabajar en las cosas correctas.

Puedes esforzarte mucho, pero si no lo haces en las cosas adecuadas nunca alcanzarás tus objetivos. Es fundamental que seas capaz de priorizar e identificar las tareas más importantes. Una vez lo hayas hecho, es el momento de centrar todo tu trabajo en ellas para ser realmente productivo. Nuestra capacidad de trabajo es limitada y en qué la aplicamos es tan importante como cuán duro trabajemos.

Principio de acción-reacción

Con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria: quiere decir que las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentido opuesto.

Nuestra productividad suele ser el resultado de una lucha entre dos fuerzas: productiva (concentración, motivación…) e improductiva (estrés, interrupciones, falta de sueño, multitasking…). Según Clear, ante esta situación, podemos reaccionar de dos formas distintas para ser más productivos:

  • Superar las resistencias: podemos motivarnos y trabajar más duro cueste lo que cueste. Pero nuestra capacidad es limitada y lo más probable es que acabemos quemados. Además, las fuerzas improductivas seguirán estando ahí para minar nuestros resultados.
  • Reducir las resistencias: lo mejor es identificar qué es lo que nos está haciendo improductivos e intentar solucionarlo. Aprender a decir no, cambiar nuestro ambiente de trabajo o detectar los ladrones de tiempo son algunos ejemplos. Si eliminamos (o al menos minimizamos) las fuerzas improductivas que nos impiden avanzar podremos centrar nuestro trabajo en aquellas cosas que nos aportan verdaderos resultados.

Si quieres conocer más leyes sobre productividad puedes visitar este post en el que te las resumimos todas.

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Imagen: humbletree

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