“Algunos médicos ahora prescriben aplicaciones de la misma forma que antes prescribían pastillas.” Esta frase extraída del documental de la BBC Monitor Me resume la revolución que han supuesto para la medicina y la salud las aplicaciones de yo cuantificado. Inspirado por el boom de las aplicaciones y gadgets relacionados con la salud, el documental retrata las nuevas formas en que podemos monitorizarnos a nosotros mismos: el ejercicio que hacemos, cuánto dormimos o incluso cómo nos sentamos.

A través del documental conocemos a algunos ejemplos de cómo esta nueva era de la salud ha afectado a la vida de distintas personas. Desde un equipo de rugby inglés cuyo entrenador conoce más sobre la salud de sus jugadores que un médico, al hombre más monitorizado del mundo, que ha sido capaz de diagnosticarse a partir de sus propios datos sin acudir a un médico.

Cada paso, cada kilo, cada latido del corazón o cada hora de sueño pueden ser ahora medidos con una exactitud que hasta el momento quedaba reducida a los sofisticados aparatos de medición de los hospitales. La tecnología ha hecho que cada uno de nosotros pueda tener su pequeño hospital privado. Y no sólo eso, puede llevarlos consigo a todas partes gracias a su smartphone o a los distintos gadgets que proliferan en el mercado.

Pero en el documental podemos apreciar algo que también señala James Wolcott: la búsqueda de la mejora personal es asociativa, colaborativa y abierta, una combinación entre la iniciativa de mejora y participación y la ciencia y exactitud de los datos conocida como Quantified-self. Por primera vez, nuestra salud se está convirtiendo en algo social y ya no queda reducida al ámbito privado y a la confidencialidad médico-paciente. Compartir y compararnos con los demás es una parte imprescindible de la monitorización. La salud es social y un elemento de relación entre personas con el objetivo común de mejorar.

Aunque la aplicación de la monitorización diaria se está implantando sobre todo en lo relacionado con la salud y la medición de la actividad física, pronto se extenderá también a otros ámbitos como la productividad personal y empresarial. Si la tendencia continúa en este sentido, pronto compartir nuestros retos y objetivos con los demás será una forma más de relacionarnos y de ayudarnos en nuestra mejora diaria. Competir con los demás y obtener el reconocimiento de nuestros logros se convertirá en un incentivo para nuestro desarrollo personal y profesional.

Lo que nunca debemos perder de vista es que la clave está en encontrar el equilibrio entre la monitorización como herramienta de mejora y la obsesión por medir. No debemos dejarnos cegar por el fenómeno en sí mismo. Nuestro objetivo final debe ser siempre la consecución de unos determinados resultados con el único fin de mejorar nuestra calidad de vida en todos los sentidos.

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Imagen: Sonny Abesamis

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