La expansión del Internet de las Cosas supondrá un aumento de la eficiencia a todos los niveles. Esto es lo que sostiene el economista Michael Porter en un artículo en el que califica al IoT como la tercera gran ola de la tecnología. Mejorará la economía de formas que nunca antes habíamos visto y traerá consigo una nueva era de la productividad.

Los nuevos productos

El Internet de las Cosas se convierte en una parte integral del propio producto. Los objetos dejan de tener sentido como entidades únicas e independientes y pasan a formar parte de un servicio.

Gracias a estos tipos de dispositivos somos capaces de detectar problemas que antes no veíamos y los datos que obtenemos de ellos nos dicen cómo están y cómo son usados. Innovación y creatividad se convierten en las principales características de la nueva revolución.

El Internet de las Cosas cambiará cómo operan las empresas, cómo integran sus productos y cómo interactúan con sus clientes. En definitiva, mejorarán la eficiencia de cualquier operación y fomentarán el crecimiento, la productividad y la innovación.

Pero la evolución no debe hacer que perdamos de vista la vulnerabilidad y los riesgos de seguridad del Internet de las Cosas. Es necesario que la tecnología despegue y mejore hasta adquirir la capacidad de procesamiento y los requisitos para que los objetos sean capaces de protegerse a sí mismos.

Las nuevas personas y la nueva productividad

Aunque en el artículo anteriormente mencionado se refieren únicamente a los nuevos productos, el Internet de las Cosas afecta también a las personas y a la forma en que viven y trabajan. Las cosas y los espacios nos aportan información sobre nosotros mismos y de nosotros depende ser capaces de extraer de esos datos las conclusiones que nos ayuden a mejorar nuestra eficiencia y nuestra productividad.

Si, por ejemplo, gracias a los beacons y el Internet de las Cosas podemos saber cuánto tiempo pasamos en la sala de reuniones o en otros espacios de la oficina, podremos obtener información muy valiosa que nos ayudará a mejorar la gestión que hacemos de nuestro tiempo y de nuestro trabajo.

En definitiva, encontraremos nuevas industrias, nuevos productos, nuevas fuentes de información y nuevas formas de pensar sobre las cosas. Esto implica nuevas formas de entender nuestra vida y nuestro trabajo, analizando datos y extrayendo la información que necesitamos para mejorar. Es cuestión de tiempo que el gran potencial del Internet de las Cosas sea capaz de desarrollarse en su totalidad.

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