Las impresoras 3D ha sido una de las grandes atracciones del CES 2015. Tal y como dice Kelsey Pommer, “la impresión 3D ya no es sólo para hacer y juguetes y experimentos, las aplicaciones que la industria le está dando en los últimos años son más de lo que podríamos haber imaginado cuando apareció esta tecnología por primera vez”.

La expansión de este sector es tal que en 2015 la industria alcanzará los 76 millones de dólares sólo en Estados Unidos. Aunque todavía estamos empezado a descubrir sus oportunidades y aplicaciones, la impresión en tres dimensiones se presenta como una de las grandes revoluciones tecnológicas de nuestro siglo.

La posibilidad de combinar la impresión 3D con otro de los ámbitos punteros en el sector tecnológico como los wearables abre la puerta a infinidad de posibilidades para fabricantes y usuarios.

Avanzando hacia el futuro

En la Universidad de Princeton han conseguido crear una impresora que funciona con cartuchos de tinta semiconductores. De esta forma, pueden imprimir componentes electrónicos con total perfección directamente sobre cualquier superficie.

Por el momento, permite crear circuitos sencillos con múltiples aplicaciones: desde dispositivos médicos a implantes con piezas electrónicas, pasando por wearables.  Ya han logrado imprimir un LED sobre una lentilla y una oreja bioelectrónica, aunque sus aplicaciones están también en el campo de la electromecánica.

Los primeros wearables impresos

Las empresas zero360 e Industrial Plastic Fabrications se han unido para crear el prototipo de una pulsera wearable capaz de detectar las constantes vitales del usuario. Gracias al tipo de impresora utilizado, los diseñadores pueden elegir entre un total de 10 paletas de colores que pueden ser combinadas para crear 46 opciones diferentes.

Pero no todo se centra en el aspecto. La ergonomía juega un papel muy importante en el diseño y producción de los wearables. No sólo tiene que ser bonito, también tiene que ser cómodo. Esta impresora ofrece la posibilidad de imprimir con material flexible, que se adapta al cuerpo del usuario y a sus movimientos, a la vez que es duradero y resistente.

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Unas cuantas horas son suficientes para producir uno de estos dispositivos, por lo que se ahorra mucho tiempo en la producción. Además, se desperdicia un 85% menos de material en comparación con los métodos de producción tradicionales.

 Ventajas por descubrir

Ya sea para crear prototipos o un producto final, la impresión en 3D se presenta como una técnica en expansión para la personalización en el diseño, la ergonomía y la fabricación de los dispositivos. A esto hay que añadir la reducción del tiempo y los costes de producción, sin olvidarnos de la multitud de ventajas que todavía nos quedan por descubrir.

Aunque esta tecnología se encuentra aún en estado embrionario y sus limitaciones son abundantes, todo apunta a que en pocos años estará al alcance de la mayoría de los consumidores. Supondrá una auténtica revolución en la industria y en la forma en la que consumimos este tipo de dispositivos.

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Imagen: Keith Kissel

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