Carlson y su equipo realizaron un estudio en el que cronometraron el trabajo de un grupo de directivos durante varios meses. En este tiempo, constataron que eran interrumpidos cada 20 minutos aproximadamente. Esto no solo alargaba el tiempo que necesitaban para completar cada tarea, también hacía que su trabajo fuese menos efectivo. De este estudio nace la ley de Carlson, estrechamente vinculada con la concentración, la multitarea y las interrupciones:

Trabajar de manera continua es más eficaz y consume menos tiempo que hacerlo con interrupciones. 

Esto afecta tanto a las interrupciones causadas por los demás como a las que nosotros mismos provocamos cuando cambiamos de tarea continuamente. Lo mejor es centrar nuestra atención en una única actividad y, una vez terminada, pasar a la siguiente. Por eso, es importante asegurarse de contar con todo lo necesario para conseguir el objetivo antes de empezar.

Nuestro cerebro necesita tiempo para estar completamente concentrado en una actividad. Interrumpir una tarea una vez hemos alcanzado nuestra fase de máxima productividad implica volver al principio y, por lo tanto, perder tiempo, energía y eficiencia.

Gestionar las interrupciones

Al igual que ocurre con otras leyes de la productividad, es importante tener en cuenta la ley de Carlson a la hora de planificar nuestro trabajo. Las interrupciones no solo nos hacen perder tiempo, también rompen nuestro ciclo de trabajo haciendo que sea mucho más difícil volver a concentrarnos.

Cuando organizamos el trabajo, es conveniente reservar bloques de trabajo sin interrupciones para asegurarnos de que podremos estar realmente concentrados en una tarea. Podemos utilizar señales que indiquen a los compañeros que no deseamos ser molestados, pero no podemos olvidarnos de reservar también algo de tiempo para que puedan acudir a nosotros.

Ley de Carlson y concentración

Las interrupciones y la ley de Carlson están directamente relacionadas con la concentración. Para mantenerla durante más tiempo, es recomendable organizar secuencias de tareas relacionadas en la medida de lo posible. Si encadenamos actividades similares como, por ejemplo, revisar todos tus correos pendientes, mantendremos un alto nivel de concentración.

Si tenemos en cuenta la ley de Carlson a la hora de planificar el trabajo no solo ganaremos tiempo, también eficiencia y productividad. ¿A qué esperas para empezar a ponerla en práctica?

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Imagen: Alejandro Escamilla

 

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