Hay un examen a la vista, pero, en lugar de estudiar, decides entrar en Internet y perder el tiempo con vídeos de gatitos. Sabes que todavía tienes pendiente redactar un informe, pero prefieres cambiar la imagen de tu fondo de escritorio. Los ejemplos de situaciones en las que posponemos nuestras tareas son infinitos. Si te sientes identificado con alguna de estas situaciones, entonces de damos la bienvenida al mundo de la procrastinación.

Todos llevamos dentro un procrastinador que nos impide dedicar nuestro tiempo y nuestros esfuerzos a aquellas tareas verdaderamente importantes. Vencerla no es nada fácil y requiere mucha fuerza de voluntad.

¿Qué es la procrastinación?

La procrastinación consiste en evitar o postergar conscientemente y de forma sistemática aquellas tareas desagradables o incómodas. Las tareas importantes son reemplazadas por otras de menor importancia, pero que nos resulta más placentero hacer.

Aunque popularmente es asumida como simple pereza o vagancia, en realidad la procrastinación es un síntoma de no saber hacer una correcta gestión de tiempo. O sobrestima el tiempo que le queda para acabar una tarea o, por el contrario, subestima el tiempo que necesita para realizarla. Cualquier excusa es buena para dejarlo para el día siguiente.

¿Qué la causa?

No existe una causa concreta de la procrastinación. Es un fenómeno muy complejo y se establecen diversas relaciones causa-efecto dependiendo de la personas a la que afecte. En general, podríamos decir que la falta de motivación se presenta como una de las principales causas, ya que siempre posponemos aquellas tareas que menos nos agradan.

Los perfiles más comunes de procrastinador son:

  1. Excesiva autoconfianza. Siente una falsa sensación de autocontrol y seguridad, así que pospone el trabajo porque hay tiempo de sobra. Cuando los plazos apremian, el procrastinador es capaz de sacar el trabajo adelante y entregarlo en el plazo marcado. Si el resultado es óptimo, es probable que esta conducta se repita, aunque conlleve ansiedad y estrés.
  2. Perfeccionismo. Querer hacerlo todo de la mejor forma posible impide que realice cualquier tarea por miedo a no poder realizarla tan bien como desea y, por lo tanto, pierde la motivación.
  3. Baja tolerancia a la frustración. El miedo a que las cosas le desborden y a sentirse mal por ello hace que decida posponer el trabajo.
  4. Excesiva actividad. Disfruta gestando ideas, pero nunca llega a realizarlas porque se distrae generando otras ideas nuevas, así que nunca es capaz de hacer nada de lo que dice que va a hacer.

Combatir la procrastinación no es fácil, pero aprender a gestionar nuestro tiempo puede ser un primer paso para mejorar nuestra vida profesional y personal. Las herramientas adecuadas pueden ayudar a motivarnos y a que cumplamos nuestros objetivos dejando de lado el estrés de última hora.

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Imagen: Nessima El Qorchi

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