Cuanto más grande es un organismo, más complicado es gestionar su movimiento, tanto interno como externo. Las distancias a recorrer son mayores e intervienen más agentes en todos los procesos y por tanto estos se alargan en el tiempo. Lo mismo sucede con las empresas, por eso, hoy en día, incluso las estructuras más mastodónticas buscan la flexibilidad a todos los niveles como si fuera una suerte de Santo Grial versión 4.0.

Ejercita la empatía para mejorar tu estrategia  

Estamos seguros de que aquellos departamentos que te dan más quebraderos de cabeza no lo hacen porque quieran arruinar tu tranquilidad o apoderarse de tus horas de sueño. Casi siempre, lo que ocurre es que están sobrecargados de trabajo o con tareas que no se ajustan a la realidad. Incluso a menudo suceden cosas como que esa persona que pasa largos ratos con la mirada perdida, tomando notas de vez en cuando, no lo hace porque sea perezoso y no quiera trabajar, sino simplemente porque ‘pensar’ es gran parte de su trabajo. El problema es que quizás tú no tengas claro qué implican todos y cada uno de los puestos y funciones de tus empleados.

Por una vez, aunque seas el jefe y te lo puedas permitir, deja de quejarte y … ‘baja a la mina’.

Aprende a hacerlo para valorarlo 

Una cosa es pedir que se haga algo y otra muy distinta es tener que llevarlo a la práctica. A la persona que simplemente está ‘creando’, ‘dirigiendo’, ‘ideando’, le parece que lo más importante es tener una idea, y que a partir de ahí todo es tiempo de descuento (y, por tanto, que todo debería ir muy rápido y sin contratiempos que retrasen el proceso). Pero sucede que hacer realidad las cosas es lo verdaderamente complicado. Por supuesto, tener una idea genial es el primer paso, y no todos somos capaces de hacerlo, pero si solo se queda en eso, nunca llegará a ser nada. Necesitas de esa gente que sabe materializar tus genialidades en proyectos o productos reales. Por eso mismo es muy importante que sepas apreciar lo que hacen. ¿Y qué mejor forma que aprender a hacerlo tú mismo? Te aseguramos que, una vez tengas que vértelas con un plazo y con todos los imprevistos que aparecerán a medio camino para torturarte, apreciarás muchísimo más el trabajo de tus empleados –que en el fondo no son más que tus compañeros-, e incluso cambiarás de idea y llegarán a parecerte muchísimo más rápidos.

Te proponemos un par de sencillos ejercicios:

  • Cuando termine la próxima reunión, sé tú quien redacta el informe de cómo ha ido, qué objetivos se han cumplido y qué directrices a seguir han surgido de la misma;
  • Realiza sobre el papel esa planificación que tan bien explicas de palabra en un par de minutos y pídele a tus compañeros que hagan un resumen conjunto de lo que han entendido;
  • Antes de pedirle a alguien que haga un pequeño trabajo de búsqueda de información, prueba a hacerlo tú y anota el tiempo que te lleva no solo buscarla, sino todo: leer, filtrar, crear un documento donde guardes los links y los detalles que necesitabas, etc.

Seguro que descubres que hacer una tabla de Excel perfecta o redactar un informe digno del Pulitzer a la Mejor Crónica no son cosas que suceden en cuestión de segundos como por arte de magia…

 

Deja de mirar siempre hacia delante 

Por increíble que parezca, cada vez son más las empresas modernas que buscan inspiración en los clásicos. Entre estos, uno de los mejores y más consultados ‘influencers’ del pasado es el emperador romano Marco Aurelio. Sí, has leído bien. Las Meditaciones de Marco Aurelio siguen siendo fuente de sabios consejos vitales que pueden ayudarnos a cambiar la perspectiva que tenemos de las cosas. Y como bien dijo él, “la sabiduría es el arte de aceptar aquello que no puede ser cambiado, de cambiar aquello que sí se puede cambiar y, sobre todo, de conocer la diferencia.’

Si después de meterte en harina y comprobar cómo se hacen de verdad las cosas, eres capaz de llegar a este punto de análisis de tu organización y ver claramente qué dinámicas, metodologías e incluso departamentos pueden ser cambiados y, por tanto, mejorados, ya habrás conseguido mucho.

Aprende a realizar el trabajo de tus empleados, o al menos parte de él, y podrás tener una visión de futuro más objetiva. Además, serás más empático con sus necesidades, lo que se traducirá sin duda en una mayor motivación, mejor entendimiento por ambas partes y sobre todo en un clima más relajado y estimulante en tu oficina.

Verás como cuando empiezas a practicar a menudo la empatía y a ponerte en su lugar, tus empleados lo aprecian y hacen lo propio: se ponen también en tu lugar, y entienden mejor tus necesidades y demandas.

No lo dudes más y ¡atrévete a ser un jefe empático!

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