El diseño de las oficinas se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de las grandes empresas. Muchas de ellas están rediseñando sus oficinas para que tengan en cuenta la influencia del espacio en la productividad y se adapten a las nuevas dinámicas de trabajo.

Adiós a los 60

El concepto “Open Plan” surgió en los años 60 para fomentar el trabajo colaborativo y dejar atrás los despachos cerrados y los cubículos. Hoy en día, los espacios abiertos están implantados en la mayoría de las oficinas.

Pero los arquitectos se dieron cuenta de que el factor clave para la productividad de los empleados no era (como todos creían) el trabajo en equipo, sino la concentración individual. Y precisamente ésta se veía perjudicada por la distribución espacial de las oficinas abiertas. Son espacios proclives a las continuas interrupciones entre compañeros, a las distracciones visuales o a la pérdida de concentración.

El resultado eran jornadas de trabajo más largas, pero menos productivas, que resultaban en trabajadores con pocas ganas de socializar, aprender y ser creativos. Un estado de ánimo que se contagiaba con facilidad entre todos los demás empleados de la oficina. Y es que el espacio no se adaptaba al día a día real de los empleados. Si la cultura del trabajo ha cambiado, ¿no deberían cambiar también los lugares en los que lo hacemos?

El trabajo flexible

El concepto de oficinas abiertas no se adapta a los métodos de trabajo que se utilizan hoy en día en la mayoría de las empresas. Las nuevas generaciones que se están incorporando al mercado laboral se mueven constantemente y diseñan su propio método de trabajo. De hecho, el 50% de los puestos de trabajo están permanentemente vacíos porque los empleados pasan más tiempo reunidos o trabajando desde casa.

Los portátiles, los smartphones y las tablets han traído la movilidad y ya no es necesario estar en la oficina para trabajar. Cuando lo están, los empleados ya no tienen un puesto fijo y se mueven por la oficina dependiendo de si necesitan desconectar o trabajar con otros compañeros.

Las oficinas híbridas

La solución para esta nueva forma de trabajar son oficinas híbridas que mantienen los espacios compartidos, pero disponen de nuevas salas para alojar las distintas actividades (reuniones, llamadas, lectura, brain storming o descanso) que permiten a los empleados aislarse del ruido de las oficinas abiertas cuando es necesario.

La idea es que los empleados puedan mejorar su día a día en entornos más humanizados. Para ello, el diseño se centra en la creatividad y el trabajo colaborativo para ayudar a que los empleados se sientan cómodos y den lo mejor de sí mismos. Así responden a las necesidades de flexibilidad e intimidad tan reclamadas por los empleados.

La socialización también tiene un papel muy importante en estos nuevos espacios. Más allá de las máquinas de café, los diseñadores proponen espacios en los que los empleados puedan descansar, sentirse cómodos e interactuar con los demás. Las oficinas se transforman en algo más que en espacios en los que sentarse y trabajar.

En definitiva, se trata de que las oficinas de adapten a los empleados y sus necesidades con el fin de mejorar su bienestar y, por lo tanto, su productividad.

 

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