En un post anterior ya explicamos que el Quantified-self está reinventando la memoria humana. Los dispositivos wearables y sensores nos ofrecen la posibilidad de tener un completo registro de lo que ocurre en nuestro día a día, pero ¿es ésa la historia de nuestra vida?

A este respecto, es muy interesante el artículo de Michael Humphrey en el que analiza la relación entre Quantified-self e historia personal. A pesar de que toda nuestra vida (lo que hemos hecho, lo que nos ha gustado o a quién hemos conocido) es parte de una extensa documentación, Humphrey sostiene que sólo nosotros somos capaces de contar nuestras propias historias.

Los datos frente a la historia

Todo lo que nos ocurre queda almacenado en entidades externas que aceptamos como una parte más de nosotros, una extensión de nuestras cabezas que se vuelve más fiable que el imperfecto mecanismo humano. Humphrey se plantea si, en un futuro próximo, un robot podrá contar nuestra historia mejor que nosotros mismos, es decir, ¿podremos reescribir nuestra historia a través de los datos?

Como ya hemos dicho, Humphrey sostiene que no. Para explicarlo, distingue entre dos aspectos fundamentales:

  1. Lifelogging. Por una parte está la recogida de datos sobre distintos aspectos de nuestra vida y su posterior almacenamiento.
  2. Storytelling. Por otra parte, está la manera en que damos forma a esas historias. La narración surge del lifelogging para tomar forma a través de la selección de acontecimientos que hace el narrador. Es aquí dónde entran en juego factores como la interpretación o el punto de vista.

Podemos recrear nuestra historia en base a los datos, pero los datos nunca pueden ser nuestra historia. El narrador extrae pequeñas partes de esa gran nube de datos para darles sentido, los convierte en experiencias y los comparte con los demás revelando lo que es. Como señala Humphrey, cuando contamos historias “no surge un yo cuantificado, sino un yo cualificado“.

El factor humano

Depende de nosotros aceptar la visión que un algoritmo pretende darnos sobre nuestra propia experiencia. Aunque el Quantified-self puede revolucionar la memoria, un algoritmo no puede sustituir la conciencia. Los datos pueden ayudarnos a contar nuestra historia, pero somos nosotros los encargados de narrarla.

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