La gestión de equipos y su motivación son los grandes retos a los que se enfrenta cualquier organización. La diferencia entre las empresas que funcionan no es tanto la tecnología o la capacidad operativa con la que trabajan, como el liderazgo de sus directivos y mandos intermedios.

Como señala Santiago Pérez-Castillo en Radio Emprende, la gente no cambia de trabajo por la empresa sino por las personas que trabajan en ella. Y es que hay algunos errores que son los principales destructores de la motivación de los equipos.

Los grandes destructores de la motivación

Hay errores que se repiten independientemente de si es una empresa familiar, una PYME o una multinacional. En todas ellas, la figura del líder es fundamental para que el equipo funcione y sea productivo. Por eso, la mayoría de los destructores de la motivación están relacionados con el liderazgo y su influencia en los demás miembros.

1. Falta de seguridad. Un líder debe ser el referente que marca cómo y hacia dónde se dirige el equipo. Algunos errores crean inseguridad e inciden directamente en la productividad:

  • No estar siempre accesible para resolver cualquier duda o problema.
  • No cumplir con su palabra ni con los compromisos adquiridos.
  • No tomar decisiones y dejar que otros las tomen por él o que el equipo funcione a la deriva.
  • No dejar claros los objetivos ni ser predecible.

2. No acabar lo que se empieza. La sensación de que se empiezan muchos proyectos, pero ninguno se termina puede ser muy frustrante. Cuando un grupo ve los resultados de su trabajo y su valor está mucho más motivado y es más productivo. Es bueno celebrar las cosas y darse recompensas (aunque sea a uno mismo) por el trabajo bien hecho.

3. Falta de confianza en el equipo. Los líderes que dudan y ridiculizan la capacidad de sus equipos tienen como resultado grupos desmotivados y mediocres. Deben confiar en sus compañeros y, lo más importante, demostrárselo para que se sientan realmente valorados.

4. Destruir el sentido de comunidad. Hay líderes que basan su autoridad en los conflictos y rencillas de otros. Eso no es un equipo. Un buen líder debe evitar y resolver estos conflictos para que todos sientan que forman parte del mismo grupo y trabajen con un objetivo común.

El buen liderazgo es capaz de motivar a todos los niveles empresariales para que las cosas salgan bien. Cuando un equipo está desmotivado es un desastre, pero cuando funciona los resultados que aporta a la organización son increíbles.

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