Piénsalo bien. ¿Cuánto tiempo del que pasas en la oficina estás realmente trabajando y cuánto haciendo cosas poco productivas?

Haces las tareas que habías programado para ese día (con suerte) y pierdes el resto del tiempo en actividades poco productivas: hablas con los compañeros, envías correos, chateas, navegas por Internet, piensas qué harás cuando salgas de la oficina o, simplemente, esperas a que la jornada termine. Admítelo, es imposible que dediques todo tu tiempo en la oficina a hacer tareas productivas.

Mucho tiempo, poca productividad

Como señalan en un artículo de la BBC, “el verdadero tiempo que pasamos en el trabajo es totalmente desproporcionado para las tareas que necesitamos hacer”. Es decir, que nuestra jornada laboral podría ser mucho más reducida si supiésemos organizarnos correctamente y gestionar nuestro tiempo.

Pero no es solo cuestión de organización. Estamos obligados a parecer un trabajador más que a serlo. En la cultura de la adicción al trabajo en la que vivimos el tiempo libre ha muerto y no tener nada que hacer está mal visto. Así que nos pasamos gran parte de nuestro día “ocupados en estar ocupados en lugar de hacer cosas realmente útiles”.

Una cuestión cultural

El trabajo ha pasado de ser un simple método de supervivencia a un símbolo de nivel social. Ha dejado de ser una necesidad para convertirse en un artefacto cultural que se lleva consigo todo lo demás. La pérdida de la independencia entre vida profesional y personal tiene como resultado trabajadores quemados, frustrados e insatisfechos ante condiciones laborales que les generan altos niveles de estrés.

¿No estaremos haciendo algo mal? ¿No deberíamos replantearnos la forma en que entendemos el trabajo? Puede que la flexibilidad sea parte de la respuesta.

descarga-kiply-gratis

follow us in feedly