“Los momentos que más cuentan no pueden (o no deberían) ser contados”. Esto es lo que concluye Emma Pierson tras haber analizado su relación de pareja a través de la estadística. Decidió aplicar el Quantified-self a la que probablemente sea una de las cosas más difíciles de medir: una relación sentimental.

El análisis

El análisis se centró en los más de 5.500 correos electrónicos que se había intercambiado con su novio durante cuatro años y que se habían convertido en un registro digital de su relación.

Haciendo sobre todo un análisis estadístico de las palabras que utilizaban cada uno de ellos en estos correos, Pierson fue capaz de encontrar patrones y de obtener datos en los que apoyar su toma de decisiones. Es decir, fue capaz de extraer una serie de conclusiones sobre la actitud de cada uno de los miembros de la pareja hacia el otro en distintos momentos de la relación.

La realidad tras las estadísticas

Tras enfrentarse a “la oscuridad” que se esconde detrás de cualquier relación, Pierson destaca que las  estadísticas pueden ser sorprendentes y, a la vez, dolorosamente poderosas. “Quizá el amor no entienda (ni necesite) de un análisis tan profundo”.

En el artículo esgrime varias razones que apoyan esta idea. Una relación no puede medirse completamente con datos y estadísticas. Sólo podemos cuantificar algunos trazos y éstos tampoco permiten visibilizar el conjunto de lo que es. Y es que una relación está formada por los momentos vividos en sí mismos, no por las sombras digitales que dejan tras ellos. Por eso, aboga por dejar los datos para aquello que podemos medir de forma objetiva.

¿El futuro está en cuantificar los sentimientos?

La estadística tiene ciertos límites y, aunque podamos medir nuestras expresiones o las respuestas físicas que experimentamos, no podemos reducir nuestros sentimientos a un puñado de datos.

Pero, por otra parte, ya hay varias empresas en el mercado dedicadas a cuantificar el humor, las emociones y hasta nuestro comportamiento social. El valor de estos datos depende del contexto en el que se midan y de la aplicación que tengan los conocimientos extraídos de su análisis.

Si bien es cierto que hay cosas que son extrañamente raras cuando las cuantificamos, el conocimiento que nos aportaría cuantificar nuestras emociones y sentimientos abrirían innumerables posibilidades de autoconocimiento. ¿Son los sentimientos el futuro del Quantified-self?

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Imagen: Ani-Bee

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