La mayoría de nosotros cree que estar completamente concentrados en algo es lo mejor que podemos hacer, pero nos estamos olvidando de un punto clave: nuestro cerebro no está diseñado para ello. Tras miles de años de evolución, estamos hechos para estar permanentemente en alerta, es lo que nos ha permitido sobrevivir y llegar hasta aquí. El que hoy en día se nos exija una gran concentración durante largos períodos de tiempo, simplemente va contra natura. Lo que tenemos que hacer no es trabajar ocho horas seguidas sin respiro, sino tomarnos algunos descansos en el trabajo, y no siempre por un motivo determinado. ¿Por qué? Muy simple: porque es relajante y es bueno para nuestro cerebro. Es más, está demostrado científicamente (benditas palabras) que la mente humana a menudo resuelve sus problemas mientras fantasea.

Te damos un ejemplo: la ‘epifanía del soñador’. Sí, vale, le hemos puesto un nombre muy petulante. ¿Qué tal si lo traducimos a lenguaje normal? Una ‘epifanía’ es una revelación, y bien podría ser cada uno de esos momentos en los que de repente te das cuenta de algo sumamente importante. Vamos, el típico ‘¡Dios! ¡¿Cómo no me he dado cuenta antes?!’. Cuando vas en tu coche tarareando cancioncillas o estás en la ducha perdido en la zozobra mental matutina y de repente ‘¡Bam!!’ te golpea la solución a un problema…¡voilá! Ahí está tu nueva mejor amiga: la epifanía. Pues bien, si pasas el día en las nubes, explorando las frondosas selvas de tu imaginación, que sepas que estás de enhorabuena. Aunque no lo creas, se hacen grandes avances cuando conseguimos conectar ideas en el modo de pensamiento difuso. Nuestra percepción cambia, y el resultado son valiosas asociaciones y nuevos conocimientos.

5 descansos en el trabajo que sí son productivos

 

  1. Date un paseo por el barrio. Si quieres estimular tu productividad, nada como un soplo de aire fresco y estirar las piernas. Y si tienes la sensación de estar perdiendo el tiempo, siempre puedes aprovechar para hacer un recado.
  2. Charla con tus compañeros. Cuando estés atascado con una tarea, no lo dudes. Busca una cara amiga y vete hasta su mesa. Dos minutos de charla ligera ayudarán a refrescar tu cerebro. Verás que al volver a tu sitio las ideas vuelven a fluir.
  3. Sal a comer. Aunque media hora parezca poquísimo tiempo, sobre todo si te quedas en la oficina, descubrirás que si bajas a comer cerca, media hora es más que suficiente. Y no sólo para alimentar al cuerpo, ya que una buena conversación o un momento para ti si vas tú solo, ayudan a relajar la mente y volver a la carga con mucha más energía.
  4. Siesta de gato. En inglés existe el concepto ‘cat nap’, que es algo así como un sueñecito de gato. Automáticamente trae a nuestra mente una imagen muy placentera, ¿verdad? Pues que sepas que una de las tendencias en las empresas modernas es permitir que sus empleados echen una ‘cat nap’ si están adormilados y lo necesitan para poder continuar con su trabajo. Además, como ya contábamos en este post, dormir nunca es una pérdida de tiempo.
  5. Haz ejercicio. Si tu empresa dispone de una sala de ejercicio, no dudes en utilizarla al menos diez-quince minutos todos los días. Y si no tienes esa suerte, no te preocupes, los estiramientos que puedes hacer en cualquier lugar también ayudan. Y qué decir de ir directo al gimnasio nada más salir. No te preocupes, no ahondaremos más en este tema, no queremos meter el dedo en la llaga.

Y si todo esto no es suficiente, decirte que en fotografía existe el término ‘soft focus’, ‘enfoque suave’. Éste es un concepto que podrías aplicar perfectamente a tu modo de enfocar las tareas diarias. No a todas, por supuesto, pero sí cada cierto tiempo. Todos tenemos diferentes prioridades, así que podrías darle un ‘enfoque más suave’ a aquellas que ocupan los últimos lugares de la lista. Digamos que las conviertes en algo así como tu ‘válvula de despresurización’. Poco a poco vas soltando la tensión acumulada y recuperas la energía para poder dar lo mejor de ti hasta el final de la jornada.

Por estos y otros muchos motivos, si no eres un trabajador sino el jefe (y además quieres ser de los buenos), asúmelo. Los descansos de tus empleados, las charlas entre compañeros, un chiste y sus consiguientes carcajadas en medio de momentos de máximo estrés, lo único que hacen es aumentar su productividad. Ya sabes: para que trabajen mejor, déjales descansar.

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