Emprender está de moda. Steve Jobs o Mark Zuckerberg se han convertido en estandartes de una nueva forma de entender los negocios. Pero, ¿está el espíritu emprendedor reservado a unos pocos elegidos o todos lo llevamos dentro y sólo necesitamos saber cómo explotarlo? ¿El emprendedor nace o se hace?

Esto mismo se preguntan en un artículo del Financial Times. Y parece que la respuesta es clara: el espíritu emprendedor puede enseñarse. Así lo cree Steve Blank, que ha creado un método para enseñar el comportamiento emprendedor con el que los alumnos aprenden cómo seguir testeando sus ideas para desarrollar mejor su negocio.

A pesar de esto, Blank dice que “mientras que las habilidades emprendedoras y de liderazgo pueden ser enseñadas, sólo hay algunas personas que serán capaces de aplicarlas correctamente”. Y es que ser emprendedor también implica una importante dosis de actitud.

La formación frente a la práctica

A pesar de que el 90% de los emprendedores españoles  son universitarios, muchos coinciden en que tienen problemas a la hora de aplicar lo aprendido durante su formación porque influyen numerosas variables externas que antes no fueron tenidas en cuenta. La mayoría coincide en que el negocio en sí mismo ha sido su mejor escuela porque “lo verdaderamente importante se aprende mientras se gestiona la compañía”.

De ahí que muchos emprendedores eviten el aprendizaje formal como un medio para formar su propia empresa. La enseñanza universitaria tradicional es poco atractiva porque dedicarse al estudio a tiempo completo resulta poco práctico para ellos. Por eso, se ha evolucionado hacia nuevas formas de aprendizaje online que les permite compaginar su formación con la puesta en práctica de sus ideas.

Ellos son los protagonistas del proceso formativo y, gracias a profesores con experiencia real, se consigue fomentar el emprendimiento e implantar un sistema de prueba y error que enseña a que los errores del pasado sólo alimenten a los aciertos del futuro.

La creatividad hace al emprendedor

Junto a la comunicación, el trabajo en equipo y el conocimiento del mercado, la creatividad es una habilidad básica para cualquier emprendedor. Para Steve Blank el problema es que las universidades y escuelas de negocios han estado tratando el emprendimiento como una materia técnica cuando debería ser una materia creativa (como el arte), donde los ejercicios prácticos son tan importantes como la teoría. Sólo así se tendrá la clave para ver más allá de lo evidente y detectar nuevas oportunidades de negocio.

La cultura del fracaso

Se puede aprender a pensar, a crear, a arriesgar, a tomar decisiones y a reflexionar. Pero lo más importante para un emprendedor es aprender a fracasar.

Rob Nail, director de la Singularity University de Silicon Valley, cree que debemos adoptar la cultura del fracaso propia de Estados Unidos. Es decir, debemos transigir el fallo y aprender de los errores. Esto es lo que piensa también el catedrático de psicología José María León. “No se puede emprender con la presión de tener éxito. Es cuestión de tantear, de ver qué ideas funcionan y cuáles no, de probar”.

No sólo los emprendedores, sino la sociedad en su conjunto deben implicarse en el aprendizaje de que el fracaso es un paso inevitable hacia el éxito. Pues sólo así se creará una nueva cultura del emprendimiento que tenga en cuenta su valor para la economía del país.

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Imagen: Andrés Nieto Porras

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